Perritos de la Navidad – Cuento

Fotografia original: Jim

había una vez… había una vez una niña de seis años llamada Clara que amaba a los perros. Su gran sueño era tener un perro.

Un día al subir la calle a la casa, una vecina llamó-a. La chica entró el miedo en la casa, porque hasta tenía un cierto temor a la señora. La señora lo llevó de la mano hasta una mesa con una camilha y despacio, muy despacio, levantó la camilha…

Ante los ojos de la niña estaba una perra que había tenido cachorros. Y la chica se quedó muda y caída. Nunca había visto nada tan hermoso. Cuál no fue su asombro cuando la señora le dijo a elegir…

poco a poco, mucho miedo, no fuera el perrito partir o la señora cambiar de ideas, eligió un rafeirinho de oro con una pinta blanca en la frente, como usan las indias. La señora dijo que el perrito se llamaba Plock. Radiante de alegría, agradeció a la señora de la que se ha convertido en una amiga para toda la vida.

Al salir de esa casa, y porque era un día feo de invierno, se percató de que había comenzado a chuviscar.

Muy responsable en su nuevo papel de dueña del perrito, sabía que tenía que proteger. Por ello, y a pesar del frío que hacía, se quitó el abrigo de hacienda, envolvió su tesoro con todo el cariño y corrió a casa.

Ya en casa, la Clara sabía que iba a tener un gran problema. Los padres y los hermanos, sí, porque ella era la más jovencita, iban a decir que el perro no podía quedarse.

con Valentía, abrió la puerta de su casa y se fue con la madre. Sabía que si la madre estuviera a tu lado, gran parte del problema estaría resuelto. La madre estaba muy ocupada en la cocina. Escuchó la puerta abrirse y se volvió. Cuando vio a la niña toda mojada y con el abrigo en la mano le preguntó qué pasaba.

La chica sin una palabra… abrió el abrigo y allí apareció un hocico pequeño y muy querido. La madre se conmovió, porque sabía que este era el sueño de la niña hace mucho tiempo, se sentó y le dijo que hasta comprendía, pero que era imposible quedarse con el perrito. La razón principal era que el fin de semana iban a casa de los abuelos y ellos no iban a querer tener allí un perro a ensuciarse y a roer todo.

…. Con los ojos rasos de agua, la niña le dijo a su madre:

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– las Mamás, pero me merezco este perrito … hoy pasé por la letra pequeña…

Para los más nuevos, si tienen la pachorra de leer esta historia, probablemente esta mierda de la letra pequeña no tiene mucho sentido. Los más viejos deben recordar que el libro de lectura estaba dividido en dos. Una parte para aprender las letras y a juntarlas … y otra ya de lectura carrera con letra mucho más miudinha.

La madre, una profesora de primaria de profesión, se conmovió. Sabía que la chica había hecho un gran esfuerzo y se iba al frente de los compañeros.

Así, se convirtió en su cómplice y a pesar de los vientos y mareas, el Plock hizo parte de la familia hasta ser viejo.

sin Embargo los años pasaron y la niña se hizo mujer. Siguió siempre a amar a los perros y ellos siempre que formen parte de su vida. Hasta que un día… la historia se repitió.

Esta vez la protagonista era una priminha. Desde pequenita que jugaba con los perros de la Clara.

Todos los años se pedía a los padres un perrito en Navidad o en su Cumpleaños.

Todos los años recibía un no aburrido.

El apartamento donde vivían era pequeño, un perro hacía necesidades, olía mal y una vez más la historia que roía las cosas. Año tras año. Después de año. La chica, de nombre Rita, perdió la esperanza. Un día desabafou con la prima Clara que la entendía como nadie.

La Clara nunca fue una mujer convencional, siempre se consideró una “Peterpoa” que a pesar de no vivir en la Tierra de Nunca jamás, e ir envejeciendo por fuera, seguía siendo una niña por dentro.

Va de ahí … (y aquí es donde la historia comienza a calentar) un día que la Rita fue a pasar unos días de vacaciones de Navidad a casa de Clara, fueron las dos compras a un Centro Comercial. Ni a propósito, pasaron por una tienda de animales. La Clara quiso entrar. A Rita no por eso. Le dolía ver los cãezitos en las jaulas, le dolía ver los juguetes para perros, los collares, las camitas…

La Clara tiró dentro de la tienda. Allí dentro fueron echar un vistazo a las jaulas de los perrillos. Rita tenía una cara desinteresada, pero por dentro estaba desolada.

De repente, Clara sobressaltou. Que milagro de Navidad, estaba en una jaula un Pincher bebé todo blackie, sólo con las patas y las sobrolhos color de fuego. Era vivaço y era el único que estaba entretenido jugando, mientras que todos los otros perros iban a hacer una sestinha…

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La Clara cuentas de cabeza. Realmente el apartamento donde la Rita vivía era pequeño… pero el cãozito también…
Llamó la chica de la tienda y pidió tomar en cãozito. Cuidadosamente la niña se fue a recogerlo. Clara cogió en él, le dio mimos, pero no quedó sin respuesta. El pequenote predicó le “grandes” lambedelas en la nariz. Clara se quedó rendida. Pidió a Rita para recoger al niño… ella hizo desinteresada. Para qué recoger en él, si no lo podía tener?

Como ya deben haberse dado cuenta de la Clara es muy determinada y a pesar de las protestas de la prima, y puso de perrito en brazos. Inmediatamente el “pirralito” trepou por la camiseta de la Rita y la llenó de besos… otra rendida a los encantos del cachorrito.

Clara miró muy seria a Rita y le preguntó si le gustaba el perro.

Advirtió -, a pesar de saber que su prima era una niña, a las derechas, para el trabajo que un perro daba. Volvió a preguntarse si la Rita quería el perro. La Rita, que a esta altura ya no largava el perro, dijo que el adoraba, el problema eran los padres.

La Clara sonrió para dentro. Sabía que en las ocasiones en que sentía que estaba en lo cierto, era capaz de convencer hasta a las piedras de la calzada.

le Pidió a la chica de la tienda para no vender el perro en los 30 minutos siguientes. Salió de la tienda, respiró hondo y llamó a la madre de Rita. Si quieren saber lo que ella dijo… ni ella lo sabe.

Sabe que tuvo una inspiración más o menos divina, mintió con cuántos dientes tenía en la boca, dijo verdades con el corazón, degladiou hasta la saciedad … la madre de Rita.

sin Embargo, la batería del teléfono celular se rindió. La Clara corrió a la tienda, respiró hondo porque estaba desempleada y esa compra era para ella una gran extravagancia, sacó un cheque y fuera del perro, le compró el ajuar completo.

Hacía por Ritinha. Hace mucho tiempo que no la veía tan feliz. Y la felicidad de ella hacía su propia felicidad y a la Clara de esto es que era Navidad. Hacer personas felices.

El niño fue bautizado de Gaspar… y el milagro de los milagros, se convirtió en la alegría de la casa de Rita. Pasaba las vacaciones con Rita en la casa de la Clara y cuando la familia iba toda de vacaciones, estaba encantado con la Clara y la Clarinha el Labrador de la primera.

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Pero la mayor recompensa que tuvo fue en el año siguiente.

Cuando la Marina, la madre de Rita, le pegó a mediados de Diciembre… La Marina agradeció a la Ligera el hecho de que se les ha cambiado la vida… para mejor.

Que se acordaba de ella casi todos los días. El Gasparzinho unió más a la familia y era un dulce de perro para todos. La Marina nunca había tenido un perro en las mesas. No sabía de la ternura que un perro le da a sus dueños y la verdadera alegría con que era recibida cuando llegaba a casa. Y lo más interesante es que el Gaspar trataba cada uno de los miembros de la familia de una manera diferente, adaptándose a su forma de ser, de forma a ser amado por todos.

No hay duda de que aún hoy, dos años pasados, el Gaspar es el niño de la casa…

Pero la historia no acaba aquí.

La Clara anda siempre a la búsqueda “de sarna para rascarse”…

Esta vez, tiene una amiga anciano a quien mataron los perros cobardemente con veneno, cuando estaban presos en el patio trasero. Ella también ama a los perros y me gustaría tener un perrito para estar dentro de casa.

La Clara metió en la cabeza dar otro perrito en Navidad… El problema es que la Clara sigue mal de finanzas… lo que es un obstáculo.

Por eso, buscó en la red en lo que era la asociación de animales o dueños aislados que tuvieran un cachorro para adopción. Envió decenas de correos electrónicos. Se quedó decepcionada. Unos tenían perros pero no confiaban en las personas, otros querían que ella perdiera un día de trabajo para ir a la perrera a buscar un perro.

Hasta que una vez más el Espíritu de la Navidad volvió a aparecer… y de la nada, una española residente en Londres, le ofreció, después de un intercambio de correos electrónicos cãozito Yorkshire bebé, las vacunas, el chip obligatorio y todo lo demás.

en Este momento, Claro, o sea, yo, espero un milagro de Navidad. La felicidad de una familia y de un cãozito que esta vez no viene de la cigüeña, pero sí de avión…

Feliz Navidad a todos! Y vivan los animales!

Este cuento fue publicado en la Edición nº 19 de la Revista el Mundo de los Animales, en Diciembre de 2010, con el título de “Cuento de Navidad — Perritos de la Navidad”.